martes, 15 de noviembre de 2011

Poema

Los caciques y los puentes
La noche transcurre como ese cartel de casa de electricidad
sobreviviente de los años 70,
testigo de amoríos y genocidios,
que quedó colgado
al borde de la caída.
Como esa arañita vigilante y mágica
que custodia la librería de usados
más importante de San Telmo,
como esa cerveza Stella Artois
mezquina y efectiva
que hace entristecer y escribir.
Todos sabemos lo que tenemos que hacer
con los traidores.
La mesa de madera, llena de clavos,
vieja, enclenque, áspera
que resiste el paso y la acidez del tiempo
y la silla como artefacto de malabaristas,
asiento giratorio de oficinista,
elemento de tortura medieval
y equilibrio.
Y las tapitas de cervezas: cortapapeles de plata, señaladotes de aluminio, estrellas fugaces y silencios de poetas.
Uno sabe lo que tiene que hacer.
Y nuestra Roma es nuestra propia libertad.
Y transitar como ciegos
por un puente gallego sin nombre
sobre un río fantasma
como si un cacique diaguita,
un Inti Tupac,
iluminara la ruta nocturna
de búhos y reptiles
en un infierno de sal y fuego.

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